Vaticano El Papa advierte en la audiencia general que el cuerpo humano “no es un instrumento de placer”

Francisco aborda el sexto mandamiento (“No cometerás adulterio”) porque las personas “merecen más” que “la lujuria y la superficialidad”.

“El adúltero, el lujurioso y el infiel son inmaduros que no han pasado del yo al nosotros y buscan en los demás su propia satisfacción”.

“El cuerpo humano no es un instrumento de placer, sino el lugar de nuestra llamada al amor, y en el amor auténtico no hay espacio para la lujuria y para la superficialidad. ¡Los hombres y las mujeres se merecen más que esto!”. El papa Francisco volvió a hablar sobre la fidelidad en la catequesis de la audiencia general que presidió este miércoles 31 de octubre en la plaza de San Pedro del Vaticano ante miles de peregrinos llegados de todo el mundo.

Por segundo miércoles consecutivo, el Pontífice se detuvo en el sexto mandamiento (“No cometerás adulterio”), resaltando que “el amor fiel de Cristo es la luz para vivir la belleza de la afectividad humana”. Jorge Mario Bergoglio destacó que a partir de la “fidelidad, ternura y generosidad” de Jesucristo se puede mirar “con fe” al matrimonio y a cualquier otra vocación y comprender así “el sentido pleno de la sexualidad”. “La criatura humana, en su inseparable unidad de espíritu y cuerpo y en su polaridad masculina y femenina, es una realidad muy buena, destinada a amar y a ser amada”, comentó.

Fidelidad para todas las vocaciones

Francisco consideró que la fidelidad es una llamada a la que está destinados todos los católicos y la comparó con un camino “en el que vamos aprendiendo y madurando nuestra capacidad de amar hasta que somos capaces de hacernos cargo del cuidado de los demás”. Criticó a continuación al “adúltero, al lujurioso y al infiel”, que consideró que se trataba de una persona “inmadura” que no había pasado “del yo al nosotros, y busca en los demás su propia satisfacción, sin un encuentro fruto de la acogida y de la propia donación”.

Bergoglio subrayó que la idea de fidelidad planteado por San Pablo en sus cartas es “la cosa más revolucionaria que se había dicho en aquella época sobre el matrimonio” y aplicó este concepto al resto de vocaciones en la Iglesia, incluido el sacerdocio y la virginidad. “Todas ellas deben estar marcadas por esta relación nupcial, es el Espíritu que llama a un amor sin reservas por la Esposa de Cristo”, destacó el Papa.

 

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