Boletín: Las autodefensas y la utopía de la justicia propia

The New York

Por MAX FISHER y AMANDA TAUB
Hay algo embriagantemente utópico acerca de la historia de Tancítaro.
Este pueblo ha logrado autogobernarse en el estado mexicano de Michoacán —una zona cero de la guerra contra el narcotráfico— en la que han fallado numerosos experimentos similares. No hay cárteles de la droga, pero tampoco hay presencia policial o de políticos mexicanos, que son vistos en gran medida como parte del problema. El lugar tiene sus propias instituciones. Es seguro.
“Es un pueblo agradable. Puedes recorrerlo caminando durante el día o la noche. Es muy bonito”, comentó en agosto Guillermo Valdés, exdirigente de la agencia nacional de inteligencia mexicana. “Se encargan ellos mismos”.
Valdés nos habló de Tancítaro al final de una larga entrevista en una cafetería de Ciudad de México, donde nos reunimos para hablar de áreas que estaban en proceso de una forma sutil de secesión. Fue el tipo de comentario que un entrevistado hace cuando ya se formularon las preguntas formales y las libretas para anotar están cerradas; un comentario casual que modifica la nota.
Él había visitado Tancítaro en fechas recientes con motivo de un libro que estaba escribiendo acerca de la guerra contra el narcotráfico y le pareció interesante el experimento de autogobierno. El lugar es un centro global de la producción de aguacate: exporta el equivalente a un millón de dólares a diario. Los dueños de los aguacatales utilizan ese dinero para financiar grupos de autodefensas que vigilan y patrullan el pueblo.
Pero mientras más escuchábamos acerca de Tancítaro, más nos parecía que había algo raro. Hubo algo que dijo Valdés que nos llamó la atención: “Sacaron a todos los criminales”.
Bien, pero ¿cómo separaron a los criminales de los inocentes? ¿Quién hizo la selección? Hay una versión de esto que parece sacada del Viejo Oeste, severa pero justa, y hay una versión que suena más a pueblos controlados por los cárteles de la droga.
“Es muy difícil creer que Tancítaro es sencillamente una isla de paz y transparencia perfecta en Michoacán”, señaló Romain Le Cour Grandmaison, quien estudia temas de seguridad de México y Centroamérica en Noria Research y ha visitado el pueblo.
Falko Ernst, su colega en el grupo de análisis Noria, agregó: “Tienes a un grupo armado actuando en nombre de la autoridad política real” —la Junta de Sanidad Vegetal, una organización de agricultores de aguacate adinerados─ “que limpia el lugar a su nombre y conforme a sus intereses”.
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